Es la pregunta que más se repite cuando alguien decide retapizar: «¿cuántos metros necesito?». Parece sencilla, pero las respuestas que se encuentran en internet suelen ser demasiado optimistas. Se compra justo, la tela no llega para el último brazo, y entonces aparece un lote de color distinto o un dibujo que no encaja. Esta guía explica cómo calcularlo bien, qué margen conviene dejar y qué preguntar antes de cerrar la compra.
El método de la plantilla
La forma más fiable de calcular la tela es mirar el tapizado original. Si el sofá o el sillón todavía tiene su funda, desmóntala con cuidado: separa cada pieza y anota cuál es el respaldo, el asiento, el brazo, el frontal o los fuelles. Las piezas desmontadas son la plantilla, y basta con extenderlas sobre la tela para ver cuánto ocupan. Hay que hacerlo con cuidado, porque las costuras que se abren sin orden luego cuestan mucho volver a montar.
Si la funda original ya no existe o se rompió al desmontarla, toca medir. Mide el ancho y el alto de cada cara, incluida la profundidad de los brazos y el frente del asiento, y suma un margen de costura en cada borde. Haz un dibujo sencillo con las medidas y anota qué piezas son iguales, porque en un sofá de dos plazas el respaldo de un lado y del otro suelen coincidir.
El ancho del rollo manda
La tela se vende por metros lineales, pero el ancho del rollo cambia por completo el resultado. En tapicería lo habitual es encontrar tejidos de 137 a 140 centímetros de ancho, aunque hay rollos mucho más anchos pensados para piezas grandes. Un sofá que necesita cuatro piezas de 90 centímetros de alto no cabe igual en un rollo de 140 que en uno de 280. Por eso el tapicero no suma superficies y divide: coloca las piezas sobre el ancho real y calcula cuántas filas hacen falta.
Pregunta siempre por el ancho exacto del tejido que te interesa. Un error de cinco centímetros por rollo puede significar una pieza más de tela, y eso son dinero y días de espera.
El dibujo y el sentido del pelo
Aquí es donde más se encarece el cálculo. Un tejido con dibujo tiene una repetición, la distancia vertical o horizontal a la que se repite el motivo. Si las piezas tienen que coincidir en el dibujo, por ejemplo en las costuras del respaldo con el asiento, cada pieza necesita un trozo de tela más largo para que el motivo caiga donde toca. Con repeticiones grandes, el sobrante puede ser considerable.
Lo mismo ocurre con los tejidos de pelo, como el terciopelo o la chenilla. Hay que cortar todas las piezas con el pelo en el mismo sentido, porque si no, unas se ven más claras que otras con la luz. Eso obliga a comprar algo más de tela, porque no siempre se puede aprovechar el rollo a contrapelo.
| Caso | Qué añadir al cálculo |
|---|---|
| Tejido liso, sin dibujo | Solo el margen de costura y un pequeño colchón por si hay algún error de corte |
| Tejido con dibujo pequeño | Una repetición completa por cada fila de piezas que deban coincidir |
| Dibujo grande o a rayas | Varias repeticiones; el sobrante puede ser bastante mayor |
| Terciopelo o chenilla | Espacio extra para cortar todas las piezas en el mismo sentido |
El margen que conviene dejar
Ningún cálculo es exacto del todo. Los talleres suelen añadir un margen razonable sobre la cifra teórica, que puede rondar el diez por ciento si el tejido es liso y subir si hay dibujo o pelo. Es un colchón para errores de corte, para la pieza que hay que repetir si se estropea y para los remates que no se habían previsto, como las tiras de cierre o los fuelles. Si el tapicero te da una cifra sin margen, pregunta por qué.
Tampoco conviene pasarse. El tejido sobrante se queda en casa sin uso y, según el tejido, puede costar más de lo que parece. Lo sensato es pedir al taller que te diga cuántos metros usa y cuántos añade, y que te lo explique pieza por pieza.
Pide muestra antes de comprar
Una muestra de treinta centímetros ayuda mucho, pero no basta para ver cómo se comporta el tejido sobre el relleno. Antes de decidir, pregunta si el taller puede enseñarte el mismo tejido puesto en otro mueble, o si tiene fotos de trabajos terminados con ese material. Algunos tejidos se ven rígidos en el rollo y caen muy bien una vez tapizados, y otros pasa al revés.
Pregunta también por la solidez del color y por la resistencia al roce. En tejidos de uso diario, como los de un sofá de salón con niños o mascotas, conviene que la ficha técnica indique el resultado de las pruebas de abrasión. Un taller serio sabrá darte esos datos o decirte dónde encontrarlos.
Antes de pedir el presupuesto
Prepara una lista con las piezas, las medidas aproximadas y el uso que va a tener el mueble. Con esos datos, el tapicero puede calcular la tela con bastante precisión y avisarte de lo que no encaja, como un dibujo que no puede centrarse en un respaldo estrecho. Si quieres hacer una estimación previa, la calculadora de tela de esta web te ayudará a tener una cifra orientativa, aunque para el encargo definitivo siempre conviene que lo mida un profesional.
Y una última recomendación: guarda la tela que sobre. Un retoque futuro, una pieza de cojín a juego o un parche para un desperfecto te ahorrarán volver a buscar el mismo lote, que quizá ya no exista.